La AIF celebra en Bilbao un grupo de discusión sobre el ecosistema cultural de la fotografía en España
El 22 de abril de 2026, la Asociación Ibérica Fotográfica / Territorio Foto celebró en Blackkamera, en Bilbao, un nuevo grupo de discusión vinculado al estudio sobre el ecosistema cultural de la fotografía en España.
La sesión reunió a agentes procedentes de la universidad, la formación especializada, los espacios culturales, las instituciones públicas, la producción artística, la creación contemporánea, la edición, la producción gráfica y los festivales. Esta diversidad de perfiles permitió abordar la fotografía desde una perspectiva amplia: como lenguaje cultural, como herramienta educativa, como práctica profesional, como campo de producción artística, como soporte de mediación social y como parte de un sistema todavía necesitado de mayor articulación.
Entre los perfiles convocados se encontraban representantes del Postgrado de Fotografía de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV/EHU, la dirección de Sala Rekalde, la responsable del Departamento de Fotografía del Museo Guggenheim Bilbao, la dirección de BilbaoArte, Josu Zaldibar, director de Kulturbegi, Blackkamera y BasqueDok Festival, y Daniel Rodríguez, director de Artefakto, junto a otros agentes vinculados a espacios de creación, producción, mediación y cultura visual.
El grupo de Bilbao permitió profundizar en una de las cuestiones centrales del estudio: la fotografía cuenta con una presencia social, educativa y cultural evidente, pero todavía no dispone de una estructura suficientemente reconocida, conectada y sostenible. A lo largo de la conversación apareció con claridad la necesidad de pasar de iniciativas valiosas pero aisladas a un modelo de colaboración más estable entre instituciones, centros de formación, espacios de producción, festivales, museos, autores, empresas culturales y públicos.
Uno de los asuntos más presentes fue la precariedad estructural del sector. Se señaló que muchos proyectos fotográficos y artísticos se sostienen gracias al esfuerzo personal, a economías híbridas, a colaboraciones informales, a voluntades individuales y a formas de trabajo que, aunque permiten que la actividad siga viva, no garantizan condiciones suficientes de estabilidad, remuneración ni continuidad. Esta precariedad afecta a espacios independientes, festivales, escuelas, autores, productores, mediadores y también a instituciones que, aun contando con estructura pública, trabajan con equipos y recursos limitados.
La conversación también puso sobre la mesa la necesidad de reconocer el trabajo artístico y fotográfico como una actividad profesional con derechos, costes y condiciones materiales. Se habló de honorarios, derechos de exhibición pública, producción de obra, transporte, impresión, montaje, contratación pública, buenas prácticas y sostenibilidad económica. Uno de los puntos centrales fue que no basta con programar fotografía: es necesario generar condiciones justas para quienes la producen, la investigan, la imprimen, la exponen, la explican y la hacen circular.
Bilbao ofreció, además, una reflexión especialmente importante sobre el papel de las instituciones y los espacios de creación. Centros como BilbaoArte, Sala Rekalde, Guggenheim Bilbao, Blackkamera, la UPV/EHU o proyectos como Artefakto muestran que el territorio cuenta con agentes capaces de generar conocimiento, producción, formación, exhibición, acompañamiento profesional y contacto con públicos diversos. El reto no es solo que cada uno desarrolle su trabajo, sino que esos recursos puedan conectarse mejor y funcionar como parte de una arquitectura cultural compartida.
La formación apareció como otro eje estratégico. Se planteó la importancia de recuperar, reforzar y actualizar la enseñanza de la fotografía en la universidad y en los espacios de formación especializada, especialmente en un momento en el que la imagen es utilizada masivamente por la ciudadanía, pero no siempre comprendida críticamente. La alfabetización visual volvió a aparecer como una necesidad transversal: no solo para formar fotógrafos o profesionales, sino para mejorar la capacidad social de interpretar imágenes, comunicarse con ellas y comprender sus efectos culturales, políticos, emocionales y simbólicos.
También se abordó la relación entre fotografía y públicos. La sesión permitió constatar que no basta con producir exposiciones o programar actividades si no se trabaja de forma más profunda en la construcción de comunidades, procesos de mediación y vínculos territoriales. La fotografía puede ser una herramienta poderosa para conectar con colectivos diversos, trabajar con jóvenes, activar procesos educativos, generar reflexión social y abrir espacios de participación, pero para ello es necesario superar la lógica del evento aislado y avanzar hacia procesos más continuos.
Uno de los temas más relevantes fue la posibilidad de articular redes reales de colaboración. En Bilbao se insistió en que muchos agentes ya trabajan de forma comprometida, pero no siempre existe una estructura que permita coordinar esfuerzos, compartir recursos, circular proyectos o producir conjuntamente. La idea de los festivales y espacios culturales como nodos territoriales apareció como una línea de trabajo especialmente fértil: no se trataría únicamente de organizar programación, sino de conectar autores, instituciones, escuelas, empresas culturales, públicos y administraciones en torno a proyectos compartidos.
La sesión permitió también reflexionar sobre el papel de la producción gráfica y editorial dentro del ecosistema fotográfico. La fotografía no termina en la toma de imagen ni en la exposición: requiere impresión, edición, montaje, diseño, publicación, conservación, comunicación y circulación. Incorporar a estos agentes en la lectura del ecosistema resulta fundamental para comprender la cadena completa de valor y para evitar que la precariedad se desplace de unos eslabones a otros.
Desde la AIF, el grupo de discusión celebrado en Bilbao forma parte de una serie de encuentros cualitativos destinados a contrastar los resultados del estudio con la experiencia directa de agentes que trabajan desde distintos territorios y posiciones profesionales. Estos grupos permiten ampliar la lectura de los datos, identificar matices locales y detectar líneas de acción que ayuden a fortalecer el ecosistema cultural de la fotografía en España.
La sesión de Bilbao confirmó que el territorio cuenta con una base cultural significativa, con instituciones relevantes, agentes activos y experiencias capaces de conectar formación, creación, mediación, producción y públicos. Pero también mostró que esa riqueza necesita mayor coordinación, mejores condiciones de trabajo, más reconocimiento institucional y una estrategia capaz de transformar la suma de iniciativas en una verdadera red cultural.
Con este nuevo grupo de discusión, la AIF continúa avanzando en la elaboración del estudio sobre el ecosistema cultural de la fotografía en España y en el desarrollo de la guía formativa Fotografía con ojo. Siete pasos para no avanzar a ciegas en el ecosistema cultural de la fotografía, concebida como una herramienta de orientación para autores, profesionales, festivales, espacios culturales, agrupaciones, centros formativos, instituciones y agentes que trabajan en el ámbito de la cultura fotográfica.
