Panel de Expertos. UPV. 27 y 28 de abril

Panel de Expertos. UPV. 27 y 28 de abril 2026

La AIF celebra en la Universitat Politècnica de València un panel de expertos sobre el ecosistema cultural de la fotografía

Los días 27 y 28 de abril de 2026, la Asociación Ibérica Fotográfica / Territorio Foto celebró en la Universitat Politècnica de València (UPV) un panel de expertos vinculado al estudio sobre el ecosistema cultural de la fotografía en España y al proceso de elaboración de la guía formativa Fotografía con ojo. Siete pasos para no avanzar a ciegas en el ecosistema cultural de la fotografía.

A diferencia de los grupos de discusión territoriales desarrollados en otras ciudades, este encuentro tuvo un carácter especialmente orientado al contraste crítico, la validación de contenidos, la transferencia profesional y la formulación de propuestas de mejora. La sesión permitió revisar algunas de las principales hipótesis del estudio y ponerlas en diálogo con la experiencia directa de profesionales procedentes de la creación fotográfica, la universidad, los festivales, la formación, la gestión cultural, la edición, la mediación y los proyectos de residencia artística.

En el panel participaron Natalia Garcés, directora del Quijote Photofest y coordinadora del Aula de Fotografía de la Fundación General de la Universidad de Alcalá; Ana Palacios, periodista y fotógrafa documental; Jesús Micó, fotógrafo, docente, comisario y responsable de La Kursala de la Universidad de Cádiz; Pedro Vicente-Mullor, profesor, investigador y director del Máster de Fotografía de la Universitat Politècnica de València; Carlos Sebastià, artista y codirector de Co-net Art; y Daniel Belinchón, gestor y productor cultural, director de FOC y coordinador de la investigación.

La conversación permitió profundizar en una cuestión central del estudio: la fotografía ocupa un lugar decisivo en la cultura contemporánea, pero ese protagonismo social no siempre se traduce en reconocimiento institucional, económico, educativo o profesional. A lo largo del panel se debatió sobre la necesidad de distinguir entre el uso masivo de imágenes, la fotografía como lenguaje social, la fotografía autoral, la práctica profesional y la fotografía como objeto cultural. Esta diferenciación resultó clave para evitar lecturas simplificadoras y para comprender mejor las distintas capas que componen el ecosistema fotográfico.

Uno de los temas más intensos fue la alfabetización visual. El panel permitió discutir si el problema de fondo es únicamente fotográfico o si debe entenderse dentro de una crisis más amplia de alfabetización cultural. Se señaló que hoy casi todo el mundo produce, comparte y consume imágenes, pero eso no significa que exista una comprensión crítica de la imagen, de sus códigos, de su valor, de sus usos sociales o de sus implicaciones éticas. La fotografía se ha democratizado como herramienta, pero no necesariamente como lenguaje cultural comprendido.

Esta reflexión abrió una línea especialmente relevante: igual que saber escribir no convierte a una persona en escritora, hacer fotografías no convierte automáticamente a alguien en autor o autora. La diferencia está en la capacidad de articular un proyecto, generar sentido, construir una mirada y sostener una propuesta cultural. Esta idea permitió introducir una cuestión de fondo para la guía Fotografía con ojo: la necesidad de ayudar al sector a distinguir entre actividad, proyecto, oficio, autoría, estructura y modelo de sostenibilidad.

El panel abordó también la relación entre fotografía, públicos y valor cultural. Se señaló que una parte importante de la ciudadanía sigue relacionándose con la fotografía desde lo emocional, lo familiar, lo documental o lo inmediato, pero no siempre desde una comprensión de su valor artístico, autoral, patrimonial o crítico. Esta distancia entre uso social y reconocimiento cultural afecta a la asistencia a exposiciones, la compra de obra, la valoración de los honorarios, la comprensión de los derechos de autor y la percepción pública del trabajo fotográfico.

Otro eje fundamental fue la necesidad de avanzar en buenas prácticas profesionales. Se planteó la conveniencia de desarrollar criterios claros sobre honorarios, derechos de exhibición, producción de obra, mediación, relación con festivales, participación en actividades, uso de imágenes, circulación de exposiciones y condiciones de trabajo. La precariedad no fue tratada solo como una falta de recursos, sino como un problema de modelo: cuando no existen criterios compartidos, la fragilidad se reproduce desde todos los lados del ecosistema.

La conversación puso especial atención en la formación económica y profesional de autores, fotógrafos y agentes culturales. Se habló de la necesidad de naturalizar la conversación sobre dinero, tarifas, venta de obra, modelos de negocio, emprendimiento, derechos de imagen, marca personal, relación con clientes, convocatorias, mercado, coleccionismo y sostenibilidad. El panel coincidió en que muchos creadores salen de los espacios formativos sin herramientas suficientes para comprender el funcionamiento real del sector, lo que incrementa su vulnerabilidad profesional y contribuye a precarizar el conjunto del ecosistema.

También se abordó el papel de los festivales de fotografía. El panel permitió matizar que los festivales son un actor fundamental, pero no el único. Su valor estratégico aparece cuando dejan de funcionar únicamente como eventos y empiezan a operar como nodos capaces de conectar autores, públicos, universidades, espacios culturales, editoriales, instituciones, escuelas, coleccionistas y proyectos de mediación. En este sentido, la discusión reforzó una de las ideas principales del estudio: la fotografía necesita pasar de una lógica de programación aislada a una lógica de articulación ecosistémica.

La necesidad de una oficina técnica, mesa de coordinación o dispositivo estable de recursos apareció como una de las propuestas más claras. Se planteó la utilidad de contar con una estructura capaz de mapear autores, exposiciones disponibles, espacios expositivos, festivales, ayudas, convocatorias, residencias, salas, instituciones, coleccionistas, editoriales y agentes de mediación. No se trataría solo de crear un directorio, sino de mantener una herramienta viva que facilite conexiones, oriente a los profesionales y ayude a poner en circulación recursos que hoy permanecen dispersos.

El panel también permitió reflexionar sobre el mercado y la venta de obra. Se habló de la necesidad de acercar el coleccionismo, el microcoleccionismo, la edición, el fotolibro y la venta de fotografía a contextos más accesibles. Esta línea de trabajo no contradice el valor cultural de la fotografía; al contrario, puede contribuir a generar industria, profesionalización y sostenibilidad. La fotografía necesita espacios donde se piense, se vea, se estudie y se comparta, pero también necesita canales donde pueda comprarse, circular y generar retorno económico para quienes la producen.

La universidad apareció como un agente especialmente importante. No solo por su función formativa, sino por su capacidad de investigación, legitimación, transferencia y conexión con otros ámbitos de conocimiento. El panel permitió subrayar que la fotografía puede vincularse con la educación, la comunicación, la sociología, la salud, la memoria, el patrimonio, los derechos culturales, la inteligencia artificial, la mediación, el territorio y la creación contemporánea. Para ello, resulta necesario que las universidades no funcionen únicamente como espacios de formación, sino como actores activos dentro del ecosistema cultural.

Desde la AIF, este panel de expertos forma parte de la fase cualitativa y de validación del estudio sobre el ecosistema cultural de la fotografía en España. Su finalidad no fue cerrar respuestas definitivas, sino contrastar el diagnóstico, detectar tensiones, incorporar matices y orientar propuestas aplicables. La riqueza de la sesión estuvo precisamente en su exigencia crítica: el sector necesita datos, pero también necesita discusión, lenguaje común, herramientas de trabajo, criterios profesionales y capacidad para transformar el diagnóstico en acción.

El encuentro celebrado en la UPV confirma una de las conclusiones principales de la investigación: la fotografía no necesita únicamente más actividad, sino mejores condiciones para que esa actividad genere estructura. Hay talento, proyectos, festivales, universidades, autores, espacios, publicaciones y experiencias valiosas; lo que falta es articularlas mejor, dotarlas de continuidad y reconocer su valor dentro de las políticas culturales, educativas y profesionales.

Con este panel de expertos, la AIF avanza en la elaboración del estudio sobre el ecosistema cultural de la fotografía en España y en el desarrollo de la guía formativa Fotografía con ojo. Siete pasos para no avanzar a ciegas en el ecosistema cultural de la fotografía, concebida como una herramienta de orientación para autores, profesionales, festivales, espacios culturales, agrupaciones, centros formativos, instituciones y agentes que trabajan en el ámbito de la cultura fotográfica.